sábado, 7 de noviembre de 2009

azul

miro a mi vecina tender la ropa y sueño el azul de las milyunanoches.
cinco semanas, sólo cinco semanas para poder descansar de esta ciudad color ladrillo.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Un sueño donde el silencio es de oro

El perro del invierno dentellea mi sonrisa. Fue el puente. Yo estaba desnuda y llevaba un sombrero con flores y arrastraba mi cadáver también desnudo y con un sombrero de hojas secas.

He tenido muchos amores -dije- pero el más hermoso fue mi amor por los espejos.


Pizarnik, (1963)

martes, 20 de octubre de 2009

Va al lavabo y se moja la cara

desde el sueño ya he comenzado a empacar.
toda la ropa de invierno-
seguramente anoche ya no quería estar aquí -las veinte horas y ya estaba en cama.

viernes, 9 de octubre de 2009

11:38

he hecho un esfuerzo muy grande, desde que volví del norte, por apropiarme de esta ciudad. hoy lo hablaba con ellas, que vienen del otro lado del océano, cada una con sus dificultades, pero sintiendo que este espacio les va a pertenecer, aquí se van a sentir libres. las escuchaba y yo cada vez me sentía más lejos de eso, que fue lo mismo que yo viví en el norte.
no puedo apropiarme de esta ciudad.

te confieso que estoy esperando a que vuelvas, tú que tanto has sentido como yo, cerca y lejos, después.
tengo la esperanza de que caminando contigo estas calles podré volver a quererlas
no sé si alguna vez las quise pero
caminando contigo estas calles por lo menos me quedará el consuelo de saberte feliz, porque ahora sí has podido conquistar tu lugar allí, en esa ciudad que tantísimo extraño.

martes, 6 de octubre de 2009

Sus mariposas

y te veo perfectamente con el vestido más hermoso en nochevieja.
Con la belleza que sólo tú posees y que conmueve al mundo.


Su mundo.

Mi mundo.
La de todos aquellos que no queríamos-queremos dejarte ir.



domingo, 27 de septiembre de 2009

Casita de soledades

Dime, ¿Y tu pelito sigue siendo corto?

Me eché a reír y toda la nostalgia se derramó sobre mí.

-no, ya no-



Ésta ciudad me sienta bien, la he penetrado, la he mordido, la he padecido, conozco sus recovecos. La ciudad que mis ojos quieren ver, también la que mi percepción ha limitado. La siento mía y puedo mostrártela a la perfección, andando. No sé conducir. Conozco las calles en las que su suelo está roto, las falsas piedras, donde el perro podría ladrarnos. Sé dónde comer el mejor helado. Pero la comodidad envuelve, casi traga y produce ceguera.


Mi abuelo falleció hace diez años.


Hoy llamé a ese número con lada internacional cerocerotreintaycuatro. –nunca me atreví- hasta el día de hoy. No podía llamar si la razón que expresaban mis labios no era un “voy a volver”.


Hoy llamé para decirlo. En diciembre casi serán tres. Ahora desde afuera Ella suena tan Argentina. He añorado la Argentina que no conozco a través de ella, su dulzura, siento su amor. Habló de entregarme las llaves de la casita de cuarenta y seis metros cuadrados, la que fue mía.


Hoy sí he sido valiente, tengo el billete en mano. Quiero volver una y otra vez.


No lo niego, tú mejor que nadie lo sabes, pudiste ver rastro de eso, fue doloroso y difícil, en especial los domingos. Domingos de aspirar la duela, limpiar las ventanas, rastro y café vespertino. Despertar aquí- creyendo estar allá- Malas bromas perceptuales. Le he dicho que no se preocupe, que sé llegar a esa que fue mi casa. Aunque no sea del todo cierto.


Cuando te pienso y la pienso –tu ciudad- La que ahora eres. Sólo encuentro poesía en ti.

sábado, 19 de septiembre de 2009

en blanco

hoy caminaba por las calles de esta ciudad sin vivirlas. son las calles que me han visto crecer, pero ya no las siento mías. miraba a la gente y tampoco la sentía cercana.
qué lugar es este, y por qué tengo que estar aquí. dónde quiero estar.

ahora veo fotos de aquel con el que compartí tantos años hace un tiempo. y sigo sin reconocerme.
quién soy yo ahora, y por qué me resulta tan extraño lo que fui. quién quiero ser.
esto sí lo sé: la que soy.

viernes, 18 de septiembre de 2009

8:19 pm

Casi, casi en paralelo yo también le hablé de ti. Le hablo de ti. De toda esta belleza compartida, lacerante maravilla, que sólo puedo contigo. De las lágrimas por la puta geografía, que es regalo pero también dolor. De tantas cosas habladas y por hablar, pero sobre todo sentidas al hablar y al escuchar el ritmo de tu acento. De los proyectos, de las tantísimas ganas.
Abril se fue pero está cerca, esperando a que llegue diciembre.

Estuve en Lisboa.
Esa ciudad es poesía.

Siento de repente que la vida va más rápido que la velocidad de mis letras

Ahora andarás en Lisboa, en tierras verdes. La cadencia de tu acento.


Y le hablaba de ti, de éste abril que parece se ha ido, de tu acento, fui tres años atrás a través de la palabra, y hablé todo lo que el lunes no hice. Y su rostro parecía conmovido, le hablaba de la chica de ojos azules que sonríe más que nadie en el mundo y que es garantía en ésta vida que sonreiré mucho cuando la vea. Y esa despedida en Tirso, y la incomprensión de las lágrimas ante la partida en esa plaza, en ese aeropuerto. De la negación. De los errores geográficos. Él estaba conmovido, no podía decir palabra alguna, absorto, inundado en lo que pronunciaba, nunca le había visto ese rostro. Quizá nunca le había mostrado esa que fui anoche.



Emocionada, apasionada, sin prisa, no soy la misma hace tres, ni hace dos. No dejaba de pronunciar tu nombre, de tus viajes, de estar, de nuestras lecturas a la distancia, le conté también que cuando dejo de escribirte es porque dejo de hablarme. Porque no puedo conmigo misma. Le he leído a Baricco en voz alta ésta tarde. Nos hemos quedado en silencio.



Me ha contado que tiene la impresión de que a pocas personas les cuento esto, y yo siempre, siempre lo he sabido.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

anillo de brillantes que rasga el cielo rojo

Voy a reconciliarme contigo porque he vuelto a mí,
por mi ausencia no podía verte más a los ojos.



martes, 8 de septiembre de 2009

Como se vuelve siempre al amor

y la luz era distinta. -"Ésto es El invierno"- me dije cien veces. Ni siquiera puedo describirla sin que la saliva interrumpa su paso por mi garganta.


Testigo de mí, testigo de ti.
¿Recuerdas que estábamos en esa tienda en la que vendían montón de chucherías cerca de Fuencarral o de Antón Martín... (La verdad es que ya no lo recuerdo-pero ya no duele), y comenzó a caer un poco de nieve?- Era la primera vez que la sentía -caía de no sé dónde- le dije a mi padre, y estabas conmigo.


La última noche, cuando partí había nieve. No sabía qué significaba, ni si debía significar algo. Reía tanto esa noche porque no podía llorar. Ahora pienso en Tirso de Molina, Tirso de Molina, mira qué tan lejos ha llegado nuestra promesa de volver.



viernes, 4 de septiembre de 2009

sin la frente marchita

Vuelves, sí, ha llegado el momento de que vuelvas. Y tu volver será la parte final del mío. Porque contigo vendrá de nuevo el invierno, esta vez aquí; y cerraremos círculos, para poder abrir nuevos anillos de resonancia.

lunes, 24 de agosto de 2009

los espejos, rotos, reflejan lo que tu estómago siente.
desde mis coordenadas geográficas sí te puedo decir que todosiempre está bien hecho cuando sale de dentro.


busco espejos que me digan si he hecho lo correcto.



viernes, 21 de agosto de 2009

tu verdad disfrazada de miedo es la mía. esa que no he podido nombrar porque es demasiado cruda.
de momento siempre es así. siempre ha sido así. ¿por qué ahora iba a ser diferente?


la distancia me destruye, pero la no-distancia me ahoga. como pensar que estoy atada a este lugar. como desear con todas mis fuerzas volar pero darme cuenta de que tengo los pies anclados al suelo.

¿Y siempre te des-enamoras? -decía el papel que tenía en mi mano, como esas galletitas de la suerte que un día abres en un sitio chino. Y reí cínicamente, pero la sonrisa al despertar fue amarga. Como si siempre me pasara. Como si siempre lo he sabido.



Y le das un trago al café frío del día de ayer.

Y estas verdades se disfrazan de miedos. No quiero escucharlas. Conozco ya su muerte.




Recuerdo perfectamente ese Agosto desértico, puertas que nadie abría, detenida en Atocha, detenida en Atocha. Tratar de escapar de dónde apenas has llegado.

jueves, 20 de agosto de 2009

gone, play on (russian red)

qué pregunta la de ese chico. me acuerdo de él, de su barba, del color café.
si me hubiera preguntado a mí cómo se descansa el corazón creo que le hubiera dicho "poniéndolo a veinte grados bajo cero". pero yo también habría omitido que, entonces, el estómago se pone en funcionamiento.
háblame de tus miedos desde allí. yo llevo unos días escuchando a los míos, me decían cosas pero no quería entenderlos. hasta hoy.
hoy sé que tengo miedo a hacerlo mal, como siempre, pero esta vez ha empezado diferente. quizá porque yo nunca busqué al poeta, fue la ciudad la que me lo trajo.
esta puta ciudad sin aire.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Cuarenta y cuatro ojos de frente

Ayer el miedo me tragaba como hace mucho no sucedía. Esa presión en el pecho. Creí que en algún momento el corazón se detendría. Que no podría con él, que no podría conmigo, que no podría con esto.


¿Cómo se descansa el corazón?-me preguntó ese chico de las fotografías, ese por el que alguna vez me preguntaste, ese de la barba y que vestía de café.



-con lluvia nocturna andando en bicicleta- (pero no iba sola, omití ese fundamental ingrediente en la receta).



Es cuando estoy con Él que dejo de sentirme rota.

Que no hay hueco,

Que la sangre y el aire corren sin recato.





.

el aire se ha terminado en esta parte del mundo.

viernes, 14 de agosto de 2009

como bailan los caballos

la buganvilla de esa calle y los versos de esa canción están conmigo también aquí; creo verlos en cada esquina. yo tengo más recuerdos que aún no han ocurrido, pero pronto vendrán: cafés, calles y cuerpos.

¿te acuerdas de cómo es la geografía de la plaza de oriente? el palacio real a un lado, el teatro al otro. anoche estuve allí con dos artistas y tres poetas. el de la silla de ruedas creó un mundo que yo me traje a casa, junto con un poeta. ahora fantaseamos con que todo es tan fácil, con que nada es tan raro. y es bonito, durante un rato.

jueves, 13 de agosto de 2009

Testigo de esos Él

y sólo paseábamos rumbo a uno de esos sitios para revelar fotografías, ¿Recuerdas esa calle que te gustó tanto con bugambilias y una salvia?, caminamos por ahí, -siempre pienso en ti cuando voy por ahí, y digo: es Ella. Viramos hacia esa calle que creí tenia poesía en sus paredes, y no, no era poesía, es la letra de una canción pronunciaste. Decía una ventana “Se renta”, entramos cual pareja. Habitaciones vacías y nos miramos con esa complicidad, con ese brillo, con esas ganas de estar. Pensamos en el aval, en las cuentas del agua y de la luz, los dos meses de fianza. Entonces quisimos vivir siempre juntos.



Soñamos con habitarlo

Con un gato. Él me enseñaría a amarlo

Nuestra mesa roja

Paredes blancas

Tardes en el patio

Frente al televisor

El café y la música

Las charlas y el silencio

Diversión en la cocina

Una fiesta mensual para conseguir el dinero faltante de la renta

Dijo que si viviera con él peinaría mi cabello cada día.




Vivimos juntos doce horas, fue hermoso. En la noche no pudimos estar más juntos. Por tanto amor.

El diablo sigue haciendo de las suyas.



jueves, 23 de julio de 2009

tengo una idea, sí. aunque te confieso que siempre que intento vestirla con palabras me da miedo que quiera escaparse y se vaya volando, y entonces no saber nunca más -y quedarme desnuda sin mi idea-. pero contigo es diferente, contártelo a ti es contármelo a mí, ser un poquito más consciente.
decidí romper con todo un día de hace casi dos años. el primer paso era desatarse: tuve miedo de convertir mi vida en esa rutina que yo no manejaba, con la que yo nunca había soñado -esto es curioso, porque sólo en las últimas semanas puedo recordar lo que sueño, pequeñas cosas, no sueños enteros, pero hasta ahora nunca jamás me acordé de ningún sueño; en cualquier caso, supe que nunca había soñado eso en lo que me estaba convirtiendo-. fue ahí cuando la ruptura fue más profunda hacia el exterior, de cara a todos ellos -a él-; y nada más.
después vino todo un tiempo de estar perdida. creía que lo que necesitaba era encontrar rápido aquello que me supiera reconducir. ¿te das cuenta?: "aquello que me supiera reconducir". todavía no había comenzado nada.
y fui consciente otro día, hace algo más de un año. por eso hice las maletas y me fui. el frío siempre viene bien.
pero realmente todo empezó a cambiar bien dentro hace no tanto tiempo. primero cuando lo conocí a él -aunque no lo sepa, aunque no le importe-, porque con su espejo me enseñó la puerta de mi mundo. después cuando me atreví a abrir esa puerta, con todas sus lacerantes y maravillosas consecuencias. más tarde cuando, huyendo del frío, te re-conocí a Ti y supe que nunca jamás voy a estar sola.

miércoles, 22 de julio de 2009



¿Tienes idea de cuándo comenzó todo?


¿En qué punto decidiste romper todo?, con esa tú que eras, saber que era tiempo de sumar y no de ir restando. Perdona si hago muchas preguntas, preguntas que confieso me hago a mi misma cuando las pronuncio, de las cuales ya tengo algunas –o al menos creo- que esas son las respuestas.


…cuando nos llamábamos. Cuando nos encontramos diez, trece días seguidos en los lugares más inusuales. Cuando me vio con otro. Cuando le dije que por fin lo soltaría. Cuando le dije que ya no iba a estar más enamorada de él y como siempre no hizo nada.


El verano de su crisis, ver su ausencia, la de siempre, sus ganas atadas, y teníamos así un dominó frente a los dos, decidí tomar café aunque fuese de noche, él pidió un chocolate por el miedo al insomnio y a los fantasmas que habitan en la madrugada cuando todos callan. Moví una pieza y empecé a derrumbar todo el juego, toda nuestra no-historia cuando le pregunté por Ella.


Desmitificar esa figura de esa Ella con la que vivía, esa Ella con la que dormía, esa Ella por la que –yo creía- que no estaba conmigo. Y saber que el verdadero nombre porque él no estaba conmigo se llamaba miedo.



¿Cuándo?





viernes, 17 de julio de 2009

Caminábamos juntas y separadas

Y el sueño va más o menos así, te lo confieso sin miedo a que por pronunciarlo no se cumpla, es cierto, lo he tenido guardadito muy guardadito, aunque sé siempre lo has leído en mí.


Dura treinta días. Treinta o más pruebas, ver, palpar, escuchar de cada calle qué me dice, prometo no negarme a sus palabras, sus verdades, sus seducciones. Me entregaré a ella aunque sé bien lo que implicará ser tomada en sus brazos.


Tendrá una ventana a la calle, y me detendré en una de esas terrazas que lucen hermosas en verano, leeré con esa calma de habitar de nuevo, sin prisa ésta vez, observaré como si estuviera dentro de nuevo, como si no fuera pasajero, jugaré a adivinar esos acentos -juego que me encantaba- me extraviaré en los trenes, en las líneas del metro, y no pasará nada si me doy cuenta de que el olvido ha hecho lo suyo. Lloraré quizá, pero pediré ayuda.


Escucho la cadencia de mis palabras, mis movimientos, dónde poso la mirada, mi cabello ha cambiado de color, ahora es rubio, mis ojos son otros, mi sonrisa, precisamente mi sonrisa ahora es más amplia, más hermosa, se han ido los colores tristes, vengan esos irracionales, vengan esos que chillan, vengan esos que acarician cuando los ves.



martes, 14 de julio de 2009

Das Kabinett


Empezaré esta historia por el final: éste es el lugar del que nunca te quieres ir. Desde el primer segundo en que estás dentro sientes el deseo inmenso de convertirte en caracol y que ésta sea tu casa, tu caparazón, para así poderla llevar adondequiera que vayas -pensándolo mejor, quizá sea éste el comienzo de la historia.

Sin-retorno

Era una especie de lacerante, dolorosa maravilla. Una dulce catástrofe. Creo que tiene que ver con el hecho de estar siempre fuera, en esos momentos siempre estás ahí, mirándolo desde fuera. No puedes entrar en el trenecito, eso es lo que ocurre, y la casa de los ratones permanece ahí, en la televisión, y tú estás irremediablemente delante, la miras y eso es lo único que puedes hacer. También aquella Casa Ideal, aquel día: podías entrar en ella, si lo deseabas, hacías un rato de cola y podías entrar para visitar el interior. Pero si lo hacías no era lo mismo. Había un montón de cosas interesantes, era curioso, hasta podías tocar las figuras de adorno, pero ya no existía aquella maravilla de cuando la habías visto desde fuera, esa sensación ya no existía. Es algo raro. Cuando resulta que ves el lugar donde estarías salvado, siempre estás ahí mirándolo desde fuera. Nunca estás dentro. Es tu sitio, pero tú nunca estás ahí.

Y dejé de llorar. De eso no hay duda. Paré de llorar. No es que hubiera cambiado nada dentro de mi cabeza, seguía teniendo adherida aquella lacerante maravilla dolorosa, y de hecho nunca me libré de ella, porque cuando un niño descubre que hay un lugar que es su lugar, cuando le haces ver un instante el destello de su Casa, y el sentido de una Casa, y sobre todo la idea de que existe una Casa, ya la has cagado para siempre, hasta el final, a partir de ese punto ya no hay retorno, seguirá siendo uno que pasaba por allí por casualidad, con una lacerante maravilla dolorosa encima, y por tanto siempre más alegre que los demás, y también más triste, con todas esas cosas, mientras deambulas, por las que reír y llorar.

Alessandro Baricco, City.

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