Dime, ¿Y tu pelito sigue siendo corto?
Me eché a reír y toda la nostalgia se derramó sobre mí.
-no, ya no-
Ésta ciudad me sienta bien, la he penetrado, la he mordido, la he padecido, conozco sus recovecos. La ciudad que mis ojos quieren ver, también la que mi percepción ha limitado. La siento mía y puedo mostrártela a la perfección, andando. No sé conducir. Conozco las calles en las que su suelo está roto, las falsas piedras, donde el perro podría ladrarnos. Sé dónde comer el mejor helado. Pero la comodidad envuelve, casi traga y produce ceguera.
Mi abuelo falleció hace diez años.
Hoy llamé a ese número con lada internacional cerocerotreintaycuatro. –nunca me atreví- hasta el día de hoy. No podía llamar si la razón que expresaban mis labios no era un “voy a volver”.
Hoy llamé para decirlo. En diciembre casi serán tres. Ahora desde afuera Ella suena tan Argentina. He añorado la Argentina que no conozco a través de ella, su dulzura, siento su amor. Habló de entregarme las llaves de la casita de cuarenta y seis metros cuadrados, la que fue mía.
Hoy sí he sido valiente, tengo el billete en mano. Quiero volver una y otra vez.
No lo niego, tú mejor que nadie lo sabes, pudiste ver rastro de eso, fue doloroso y difícil, en especial los domingos. Domingos de aspirar la duela, limpiar las ventanas, rastro y café vespertino. Despertar aquí- creyendo estar allá- Malas bromas perceptuales. Le he dicho que no se preocupe, que sé llegar a esa que fue mi casa. Aunque no sea del todo cierto.
Cuando te pienso y la pienso –tu ciudad- La que ahora eres. Sólo encuentro poesía en ti.

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