jueves, 23 de julio de 2009

tengo una idea, sí. aunque te confieso que siempre que intento vestirla con palabras me da miedo que quiera escaparse y se vaya volando, y entonces no saber nunca más -y quedarme desnuda sin mi idea-. pero contigo es diferente, contártelo a ti es contármelo a mí, ser un poquito más consciente.
decidí romper con todo un día de hace casi dos años. el primer paso era desatarse: tuve miedo de convertir mi vida en esa rutina que yo no manejaba, con la que yo nunca había soñado -esto es curioso, porque sólo en las últimas semanas puedo recordar lo que sueño, pequeñas cosas, no sueños enteros, pero hasta ahora nunca jamás me acordé de ningún sueño; en cualquier caso, supe que nunca había soñado eso en lo que me estaba convirtiendo-. fue ahí cuando la ruptura fue más profunda hacia el exterior, de cara a todos ellos -a él-; y nada más.
después vino todo un tiempo de estar perdida. creía que lo que necesitaba era encontrar rápido aquello que me supiera reconducir. ¿te das cuenta?: "aquello que me supiera reconducir". todavía no había comenzado nada.
y fui consciente otro día, hace algo más de un año. por eso hice las maletas y me fui. el frío siempre viene bien.
pero realmente todo empezó a cambiar bien dentro hace no tanto tiempo. primero cuando lo conocí a él -aunque no lo sepa, aunque no le importe-, porque con su espejo me enseñó la puerta de mi mundo. después cuando me atreví a abrir esa puerta, con todas sus lacerantes y maravillosas consecuencias. más tarde cuando, huyendo del frío, te re-conocí a Ti y supe que nunca jamás voy a estar sola.

miércoles, 22 de julio de 2009



¿Tienes idea de cuándo comenzó todo?


¿En qué punto decidiste romper todo?, con esa tú que eras, saber que era tiempo de sumar y no de ir restando. Perdona si hago muchas preguntas, preguntas que confieso me hago a mi misma cuando las pronuncio, de las cuales ya tengo algunas –o al menos creo- que esas son las respuestas.


…cuando nos llamábamos. Cuando nos encontramos diez, trece días seguidos en los lugares más inusuales. Cuando me vio con otro. Cuando le dije que por fin lo soltaría. Cuando le dije que ya no iba a estar más enamorada de él y como siempre no hizo nada.


El verano de su crisis, ver su ausencia, la de siempre, sus ganas atadas, y teníamos así un dominó frente a los dos, decidí tomar café aunque fuese de noche, él pidió un chocolate por el miedo al insomnio y a los fantasmas que habitan en la madrugada cuando todos callan. Moví una pieza y empecé a derrumbar todo el juego, toda nuestra no-historia cuando le pregunté por Ella.


Desmitificar esa figura de esa Ella con la que vivía, esa Ella con la que dormía, esa Ella por la que –yo creía- que no estaba conmigo. Y saber que el verdadero nombre porque él no estaba conmigo se llamaba miedo.



¿Cuándo?





viernes, 17 de julio de 2009

Caminábamos juntas y separadas

Y el sueño va más o menos así, te lo confieso sin miedo a que por pronunciarlo no se cumpla, es cierto, lo he tenido guardadito muy guardadito, aunque sé siempre lo has leído en mí.


Dura treinta días. Treinta o más pruebas, ver, palpar, escuchar de cada calle qué me dice, prometo no negarme a sus palabras, sus verdades, sus seducciones. Me entregaré a ella aunque sé bien lo que implicará ser tomada en sus brazos.


Tendrá una ventana a la calle, y me detendré en una de esas terrazas que lucen hermosas en verano, leeré con esa calma de habitar de nuevo, sin prisa ésta vez, observaré como si estuviera dentro de nuevo, como si no fuera pasajero, jugaré a adivinar esos acentos -juego que me encantaba- me extraviaré en los trenes, en las líneas del metro, y no pasará nada si me doy cuenta de que el olvido ha hecho lo suyo. Lloraré quizá, pero pediré ayuda.


Escucho la cadencia de mis palabras, mis movimientos, dónde poso la mirada, mi cabello ha cambiado de color, ahora es rubio, mis ojos son otros, mi sonrisa, precisamente mi sonrisa ahora es más amplia, más hermosa, se han ido los colores tristes, vengan esos irracionales, vengan esos que chillan, vengan esos que acarician cuando los ves.



martes, 14 de julio de 2009

Das Kabinett


Empezaré esta historia por el final: éste es el lugar del que nunca te quieres ir. Desde el primer segundo en que estás dentro sientes el deseo inmenso de convertirte en caracol y que ésta sea tu casa, tu caparazón, para así poderla llevar adondequiera que vayas -pensándolo mejor, quizá sea éste el comienzo de la historia.

Sin-retorno

Era una especie de lacerante, dolorosa maravilla. Una dulce catástrofe. Creo que tiene que ver con el hecho de estar siempre fuera, en esos momentos siempre estás ahí, mirándolo desde fuera. No puedes entrar en el trenecito, eso es lo que ocurre, y la casa de los ratones permanece ahí, en la televisión, y tú estás irremediablemente delante, la miras y eso es lo único que puedes hacer. También aquella Casa Ideal, aquel día: podías entrar en ella, si lo deseabas, hacías un rato de cola y podías entrar para visitar el interior. Pero si lo hacías no era lo mismo. Había un montón de cosas interesantes, era curioso, hasta podías tocar las figuras de adorno, pero ya no existía aquella maravilla de cuando la habías visto desde fuera, esa sensación ya no existía. Es algo raro. Cuando resulta que ves el lugar donde estarías salvado, siempre estás ahí mirándolo desde fuera. Nunca estás dentro. Es tu sitio, pero tú nunca estás ahí.

Y dejé de llorar. De eso no hay duda. Paré de llorar. No es que hubiera cambiado nada dentro de mi cabeza, seguía teniendo adherida aquella lacerante maravilla dolorosa, y de hecho nunca me libré de ella, porque cuando un niño descubre que hay un lugar que es su lugar, cuando le haces ver un instante el destello de su Casa, y el sentido de una Casa, y sobre todo la idea de que existe una Casa, ya la has cagado para siempre, hasta el final, a partir de ese punto ya no hay retorno, seguirá siendo uno que pasaba por allí por casualidad, con una lacerante maravilla dolorosa encima, y por tanto siempre más alegre que los demás, y también más triste, con todas esas cosas, mientras deambulas, por las que reír y llorar.

Alessandro Baricco, City.

Seguidores