¿Y siempre te des-enamoras? -decía el papel que tenía en mi mano, como esas galletitas de la suerte que un día abres en un sitio chino. Y reí cínicamente, pero la sonrisa al despertar fue amarga. Como si siempre me pasara. Como si siempre lo he sabido.
Y le das un trago al café frío del día de ayer.
Y estas verdades se disfrazan de miedos. No quiero escucharlas. Conozco ya su muerte.
Recuerdo perfectamente ese Agosto desértico, puertas que nadie abría, detenida en Atocha, detenida en Atocha. Tratar de escapar de dónde apenas has llegado.

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