lunes, 24 de agosto de 2009
viernes, 21 de agosto de 2009
de momento siempre es así. siempre ha sido así. ¿por qué ahora iba a ser diferente?
la distancia me destruye, pero la no-distancia me ahoga. como pensar que estoy atada a este lugar. como desear con todas mis fuerzas volar pero darme cuenta de que tengo los pies anclados al suelo.
¿Y siempre te des-enamoras? -decía el papel que tenía en mi mano, como esas galletitas de la suerte que un día abres en un sitio chino. Y reí cínicamente, pero la sonrisa al despertar fue amarga. Como si siempre me pasara. Como si siempre lo he sabido.
Y le das un trago al café frío del día de ayer.
Y estas verdades se disfrazan de miedos. No quiero escucharlas. Conozco ya su muerte.
Recuerdo perfectamente ese Agosto desértico, puertas que nadie abría, detenida en Atocha, detenida en Atocha. Tratar de escapar de dónde apenas has llegado.
jueves, 20 de agosto de 2009
gone, play on (russian red)
si me hubiera preguntado a mí cómo se descansa el corazón creo que le hubiera dicho "poniéndolo a veinte grados bajo cero". pero yo también habría omitido que, entonces, el estómago se pone en funcionamiento.
háblame de tus miedos desde allí. yo llevo unos días escuchando a los míos, me decían cosas pero no quería entenderlos. hasta hoy.
hoy sé que tengo miedo a hacerlo mal, como siempre, pero esta vez ha empezado diferente. quizá porque yo nunca busqué al poeta, fue la ciudad la que me lo trajo.
esta puta ciudad sin aire.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Cuarenta y cuatro ojos de frente
Ayer el miedo me tragaba como hace mucho no sucedía. Esa presión en el pecho.
¿Cómo se descansa el corazón?-me preguntó ese chico de las fotografías, ese por el que alguna vez me preguntaste, ese de la barba y que vestía de café.
-con lluvia nocturna andando en bicicleta- (pero no iba sola, omití ese fundamental ingrediente en la receta).
Es cuando estoy con Él que dejo de sentirme rota.
Que no hay hueco,
Que la sangre y el aire corren sin recato.
viernes, 14 de agosto de 2009
como bailan los caballos
¿te acuerdas de cómo es la geografía de la plaza de oriente? el palacio real a un lado, el teatro al otro. anoche estuve allí con dos artistas y tres poetas. el de la silla de ruedas creó un mundo que yo me traje a casa, junto con un poeta. ahora fantaseamos con que todo es tan fácil, con que nada es tan raro. y es bonito, durante un rato.
jueves, 13 de agosto de 2009
Testigo de esos Él
y sólo paseábamos rumbo a uno de esos sitios para revelar fotografías, ¿Recuerdas esa calle que te gustó tanto con bugambilias y una salvia?, caminamos por ahí, -siempre pienso en ti cuando voy por ahí, y digo: es Ella. Viramos hacia esa calle que creí tenia poesía en sus paredes, y no, no era poesía, es la letra de una canción pronunciaste. Decía una ventana “Se renta”, entramos cual pareja. Habitaciones vacías y nos miramos con esa complicidad, con ese brillo, con esas ganas de estar. Pensamos en el aval, en las cuentas del agua y de la luz, los dos meses de fianza. Entonces quisimos vivir siempre juntos.
Soñamos con habitarlo
Con un gato. Él me enseñaría a amarlo
Nuestra mesa roja
Paredes blancas
Tardes en el patio
Frente al televisor
El café y la música
Las charlas y el silencio
Diversión en la cocina
Una fiesta mensual para conseguir el dinero faltante de la renta
Dijo que si viviera con él peinaría mi cabello cada día.
Vivimos juntos doce horas, fue hermoso. En la noche no pudimos estar más juntos. Por tanto amor.
El diablo sigue haciendo de las suyas.
Sin-retorno
Era una especie de lacerante, dolorosa maravilla. Una dulce catástrofe. Creo que tiene que ver con el hecho de estar siempre fuera, en esos momentos siempre estás ahí, mirándolo desde fuera. No puedes entrar en el trenecito, eso es lo que ocurre, y la casa de los ratones permanece ahí, en la televisión, y tú estás irremediablemente delante, la miras y eso es lo único que puedes hacer. También aquella Casa Ideal, aquel día: podías entrar en ella, si lo deseabas, hacías un rato de cola y podías entrar para visitar el interior. Pero si lo hacías no era lo mismo. Había un montón de cosas interesantes, era curioso, hasta podías tocar las figuras de adorno, pero ya no existía aquella maravilla de cuando la habías visto desde fuera, esa sensación ya no existía. Es algo raro. Cuando resulta que ves el lugar donde estarías salvado, siempre estás ahí mirándolo desde fuera. Nunca estás dentro. Es tu sitio, pero tú nunca estás ahí.
Y dejé de llorar. De eso no hay duda. Paré de llorar. No es que hubiera cambiado nada dentro de mi cabeza, seguía teniendo adherida aquella lacerante maravilla dolorosa, y de hecho nunca me libré de ella, porque cuando un niño descubre que hay un lugar que es su lugar, cuando le haces ver un instante el destello de su Casa, y el sentido de una Casa, y sobre todo la idea de que existe una Casa, ya la has cagado para siempre, hasta el final, a partir de ese punto ya no hay retorno, seguirá siendo uno que pasaba por allí por casualidad, con una lacerante maravilla dolorosa encima, y por tanto siempre más alegre que los demás, y también más triste, con todas esas cosas, mientras deambulas, por las que reír y llorar.
Alessandro Baricco, City.
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