viernes, 10 de septiembre de 2010
used to be
jueves, 9 de septiembre de 2010
sábado, 7 de noviembre de 2009
azul
cinco semanas, sólo cinco semanas para poder descansar de esta ciudad color ladrillo.
miércoles, 28 de octubre de 2009
Un sueño donde el silencio es de oro
He tenido muchos amores -dije- pero el más hermoso fue mi amor por los espejos.Pizarnik, (1963)
martes, 20 de octubre de 2009
Va al lavabo y se moja la cara
toda la ropa de invierno-
seguramente anoche ya no quería estar aquí -las veinte horas y ya estaba en cama.
viernes, 9 de octubre de 2009
11:38
no puedo apropiarme de esta ciudad.
te confieso que estoy esperando a que vuelvas, tú que tanto has sentido como yo, cerca y lejos, después.
tengo la esperanza de que caminando contigo estas calles podré volver a quererlas
martes, 6 de octubre de 2009
Sus mariposas
Con la belleza que sólo tú posees y que conmueve al mundo.
Su mundo.
Mi mundo.
La de todos aquellos que no queríamos-queremos dejarte ir.
domingo, 27 de septiembre de 2009
Casita de soledades
Dime, ¿Y tu pelito sigue siendo corto?
Me eché a reír y toda la nostalgia se derramó sobre mí.
-no, ya no-
Ésta ciudad me sienta bien, la he penetrado, la he mordido, la he padecido, conozco sus recovecos. La ciudad que mis ojos quieren ver, también la que mi percepción ha limitado. La siento mía y puedo mostrártela a la perfección, andando. No sé conducir. Conozco las calles en las que su suelo está roto, las falsas piedras, donde el perro podría ladrarnos. Sé dónde comer el mejor helado. Pero la comodidad envuelve, casi traga y produce ceguera.
Mi abuelo falleció hace diez años.
Hoy llamé a ese número con lada internacional cerocerotreintaycuatro. –nunca me atreví- hasta el día de hoy. No podía llamar si la razón que expresaban mis labios no era un “voy a volver”.
Hoy llamé para decirlo. En diciembre casi serán tres. Ahora desde afuera Ella suena tan Argentina. He añorado la Argentina que no conozco a través de ella, su dulzura, siento su amor. Habló de entregarme las llaves de la casita de cuarenta y seis metros cuadrados, la que fue mía.
Hoy sí he sido valiente, tengo el billete en mano. Quiero volver una y otra vez.
No lo niego, tú mejor que nadie lo sabes, pudiste ver rastro de eso, fue doloroso y difícil, en especial los domingos. Domingos de aspirar la duela, limpiar las ventanas, rastro y café vespertino. Despertar aquí- creyendo estar allá- Malas bromas perceptuales. Le he dicho que no se preocupe, que sé llegar a esa que fue mi casa. Aunque no sea del todo cierto.
Cuando te pienso y la pienso –tu ciudad- La que ahora eres. Sólo encuentro poesía en ti.
sábado, 19 de septiembre de 2009
en blanco
qué lugar es este, y por qué tengo que estar aquí. dónde quiero estar.
ahora veo fotos de aquel con el que compartí tantos años hace un tiempo. y sigo sin reconocerme.
quién soy yo ahora, y por qué me resulta tan extraño lo que fui. quién quiero ser.
esto sí lo sé: la que soy.
Sin-retorno
Era una especie de lacerante, dolorosa maravilla. Una dulce catástrofe. Creo que tiene que ver con el hecho de estar siempre fuera, en esos momentos siempre estás ahí, mirándolo desde fuera. No puedes entrar en el trenecito, eso es lo que ocurre, y la casa de los ratones permanece ahí, en la televisión, y tú estás irremediablemente delante, la miras y eso es lo único que puedes hacer. También aquella Casa Ideal, aquel día: podías entrar en ella, si lo deseabas, hacías un rato de cola y podías entrar para visitar el interior. Pero si lo hacías no era lo mismo. Había un montón de cosas interesantes, era curioso, hasta podías tocar las figuras de adorno, pero ya no existía aquella maravilla de cuando la habías visto desde fuera, esa sensación ya no existía. Es algo raro. Cuando resulta que ves el lugar donde estarías salvado, siempre estás ahí mirándolo desde fuera. Nunca estás dentro. Es tu sitio, pero tú nunca estás ahí.
Y dejé de llorar. De eso no hay duda. Paré de llorar. No es que hubiera cambiado nada dentro de mi cabeza, seguía teniendo adherida aquella lacerante maravilla dolorosa, y de hecho nunca me libré de ella, porque cuando un niño descubre que hay un lugar que es su lugar, cuando le haces ver un instante el destello de su Casa, y el sentido de una Casa, y sobre todo la idea de que existe una Casa, ya la has cagado para siempre, hasta el final, a partir de ese punto ya no hay retorno, seguirá siendo uno que pasaba por allí por casualidad, con una lacerante maravilla dolorosa encima, y por tanto siempre más alegre que los demás, y también más triste, con todas esas cosas, mientras deambulas, por las que reír y llorar.
Alessandro Baricco, City.
