Y el sueño va más o menos así, te lo confieso sin miedo a que por pronunciarlo no se cumpla, es cierto, lo he tenido guardadito muy guardadito, aunque sé siempre lo has leído en mí.
Dura treinta días. Treinta o más pruebas, ver, palpar, escuchar de cada calle qué me dice, prometo no negarme a sus palabras, sus verdades, sus seducciones. Me entregaré a ella aunque sé bien lo que implicará ser tomada en sus brazos.
Tendrá una ventana a la calle, y me detendré en una de esas terrazas que lucen hermosas en verano, leeré con esa calma de habitar de nuevo, sin prisa ésta vez, observaré como si estuviera dentro de nuevo, como si no fuera pasajero, jugaré a adivinar esos acentos -juego que me encantaba- me extraviaré en los trenes, en las líneas del metro, y no pasará nada si me doy cuenta de que el olvido ha hecho lo suyo. Lloraré quizá, pero pediré ayuda.
Escucho la cadencia de mis palabras, mis movimientos, dónde poso la mirada, mi cabello ha cambiado de color, ahora es rubio, mis ojos son otros, mi sonrisa, precisamente mi sonrisa ahora es más amplia, más hermosa, se han ido los colores tristes, vengan esos irracionales, vengan esos que chillan, vengan esos que acarician cuando los ves.

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